¿POR QUÉ UNA GUAGUA DE PAN CON COLADA MORADA?
Por María Gabriela Mena Galárraga


Me encontraba sentada en una mesa larga con las mangas recogidas y el deseo de que mi abuela apareciera con la gran bola de masa que repartía en pequeños pedazos. Allí sentada frente a mis primos, mis hermanos y también algunos adultos, no podíamos esperar para utilizar todos los colores y amasar nuestro propio pan. Algunos animales, muñecos, autos, estrellas; todo dependía de la imaginación de cada uno de los niños que estábamos allí sentados. Todas nuestras creaciones eran Guaguas de Pan que más tarde nos comeríamos con la colada.

Cada dos de noviembre la historia se repetía, yo la esperaba con ilusión y alegría. Nunca me pregunté el porqué de la celebración, pero no importó porque yo sentí todo el tiempo que era una fiesta mía, una fiesta de mi familia, y ahora entiendo que es una fiesta de la sierra ecuatoriana. Un valioso elemento de nuestra cultura mestiza.
 
Los años pasaron y con ellos se fueron llevando la ilusión de este festejo. Ahora ya nadie reparte un trocito de masa para jugar un rato, y ya casi nadie en la familia extraña ese trocito de masa que, sin razón alguna, nos entregaban para imaginar…

…yo sin duda lo extraño, así que decidí dar un par de vueltas hasta descubrir la raíz de esta tradición que he conocido desde hace años, la que ahora se ve algo borrosa pero que trataré de recuperar.
UNA MIRADA A NUESTROS ANCESTROS
 
Una muñeca de masa con terminación en punta era clavada en la tierra como muestra del difunto que había sido enterrado. A la vez una ofrenda de comida para que el difunto pueda continuar su vida en el más allá.

Una de las tradiciones del ritual funerario de los indígenas era la de alimentar a los muertos. Luego de la velación que duraba cinco días, los indígenas acostumbraban llevar ofrendas de comida a las tumbas de sus seres queridos para conmemorarlos y como una forma de ayudarlos a seguir en su nueva vida.

Originalmente, se dice que realizaban muñecas con una masa que contenía harina de maíz, zapallo, miel y cera de abeja. Las muñecas o mejor conocidas como Guaguas tradicionales, tenían sus extremidades superiores sujetando roscas decorativas y en lugar de extremidades inferiores tenían terminaciones en punta. Este tipo de muñeca es conocida como “guagua con rosca” o “muñeca rabo”.

La actual elaboración de guaguas de pan es una tradición basada en la cultura indígena que creía en la vida después de la muerte como una continuación de la vida que conocemos pero no sólo en el sentido espiritual sino en un sentido también material, motivo por el cuál los difuntos eran enterrados con sus pertenencias que serían útiles para la nueva vida a la que pasaban.

Además de las Guaguas de Pan, los indígenas en sus rituales funerarios tradicionales preparaban una especie de colada muy espesa llamada Uchucuta que consistía en la mezcla de harina de maíz, papa, fréjol, arveja, col y achiote. Posteriormente se fabrica la colada morada que se convirtió en el acompañante principal de las Guaguas de Pan. Esta colada muestra sin duda la fusión del ritual indígena con el católico ya que el color morado tiene un significado de muerte y luto en la iconografía católica lo que resultó perfecto para la celebración de la fiesta de los difuntos y a la vez para remplazar la Uchucuta indígena.

El rito no solo cambia en la añadidura de esta bebida, sino que también se cambia la constitución de la decorativa de la guagua de pan. Se comienza a utilizar colorantes vegetales mezclados con la masa volviendo más vistosos a los detalles antes monocromos y que en un inicio fueron netamente típicos indígenas.

La fecha de realización de estas ofrendas está determinada por el calendario católico que señala el 2 de noviembre como día de los difuntos. Esta determinación fue una forma de fusionar una tradición indígena y convertirla en una fiesta católica sin eliminar los elementos antiguos para no generar un rechazo hacia la nueva religión.

Hasta la actualidad vemos en el mundo indígena, algunos entierros que incluyen ofrendas de comida y bebida. Sin embargo esta es una tradición que ha ido mutando. Antiguamente los indígenas debían realizar estas ofrendas de comida como una obligación ya que se pensaba que los muertos necesitaban alimentarse, pero con la influencia de la religión católica se sustituyó esta costumbre por el ritual de orar por el difunto. Se creo el personaje conocido como “rezadora” quien rezaba por el alma del difunto y  a cambio recibía comida lo cual remplazaba la tradición de las ofrendas. En otras ocasiones las familias van al cementerio, a honrar a sus difuntos, llevando una gran cantidad de comida, la misma que ya no se espera sea el alimento del difunto, sino que es compartida entre las gente que asista.


CALDERÓN: UN CENTRO CULTURAL VIVO

Además de las fiestas populares, la medicina ancestral, la música y la gastronomía, Calderón se distingue por su arraigo hacia la celebración mestiza del día de los difuntos. Una población con una identidad cultural marcada y con una fuerte producción de Patrimonio Intangible en la sierra ecuatoriana.

La celebración del día de los difuntos con la elaboración de guaguas de pan y colada morada es, sin duda, una muestra de que existe una tradición cultural mestiza de la que nosotros formamos parte. La mezcla de elementos indígenas y católicos traídos por los españoles durante la conquista, forjaron una nueva identidad cultural: LA CULTURA MESTIZA, nuestra cultura mestiza. Sin ser blancos ni indígenas, los ecuatorianos hemos forjado una serie de manifestaciones propias que son el reflejo de nuestra sociedad.

Calderón, es un pequeño poblado, actualmente anexo al Distrito Metropolitano de Quito, que al no tener el mismo proceso de desarrollo histórico social que la capital, se ve afectado por la actual influencia de la forma de vida capitalina, desintegrando poco a poco la particularidad cultural de este poblado.

Sin embargo cada dos de noviembre, Calderón se convierte en un lugar lleno de color, de encuentro y de compartir social. El punto de reunión: el cementerio. A lo largo de las calles principales de Calderón, el panorama cambia en esta fecha. Se ubican uno tras otro puestos de venta ofrendas religiosas como coronas, flores, estampas, rosarios, velas y sin duda guaguas de pan que son vendidas en grandes canastos.

A más de las guaguas de pan, en el cementerio de Calderón destacan las ofrendas de comida que es llevada en grandes cantidades por las familias que acuden a visitar a sus difuntos, a comer junto ellos y a la vez compartir sus ofrendas con las demás familias que se encuentren en oración a manera de un almuerzo comunitario.

Al cementerio acuden las familias enteras, jóvenes, niños, adultos y ancianos, quienes se sientan sobre las tumbas. En el lugar se puede encontrar un ambiente de alegría y tranquilidad A más de las familias podemos encontrar la presencia de rezadoras, quienes mientras dicen sus rezos repetitivos antecedidos del nombre del difunto por el que piden, trasladan una medida de mote u otro alimento de un recipiente a otro (olla, tazón, costal, funda). Estas personas no ingieren los alimentos a diferencia de los familiares que visitan a sus difuntos.


  • UN TOQUE PARTICULAR
Los habitantes de Calderón no se quedaron simplemente en la celebración del día de los difuntos en el cementerio. Desde que comenzó esta tradición, cada año se podía encontrar en Calderón mayor colorido, la fiesta comenzó a convertirse en una muestra de la habilidad artística de las mujeres que año tras año creaban nuevas formas de decoración para las Guaguas de Pan.

Pronto los pobladores se dieron cuenta del valor cultural y comercial que podrían darle este elemento por lo que las Guaguas de Pan de día de difuntos, pasaron a convertirse en la artesanía característica de Calderón: EL MASAPÁN. Figuras decorativas con un colorido único y un diseño propio del sector.

Evidentemente con el tiempo esta manifestación artesanal se convirtió en el icono distintivo de Calderón. Desde su aparecimiento y período de transformación, esta artesanía llamó la atención, más su popularización no se produce inmediatamente, “…en las décadas del setenta y ochenta… el masapán provocó un nuevo auge en la economía local. Muchos talleres contrataron bajo la modalidad de trabajo a domicilio a mujeres indígenas, quienes elaboraban las figuras en sus propias casas para luego entregarlas a los talleres del centro parroquial.”  Las familias se dedicaron por completo a la elaboración de figuras cada vez mejores y más variadas. Los conocimientos se transmitieron de generación en generación y la demanda nacional se expandió hasta atravesar las fronteras.


CONSCIENTES DEL VALOR DE NUESTRA CULTURA

La mezcla de personajes andinos en las fiestas y procesiones, la cercanía con las tradiciones amazónicas en la medicina, los claros signos del sincretismo cultural indígena y europeo al momento de celebrar una fiesta católica, son un espejo de la realidad de nuestro país.

El día de los difuntos, una fiesta ancestral que ha evolucionado, que llegó hasta nuestros días para que la disfrutemos. Una muestra de nuestra identidad cultural inagotable, solo una pequeña muestra de la trascendencia histórica y social de nuestras celebraciones.

No dejemos que estas tradiciones se pierdan, valoremos lo que somos y celebremos con una sonrisa a nuestra cultura. Amasemos un poco de pan y disfrutemos día a día el ser ecuatorianos.